La gente piensa que diciéndote que te calmes, que tranquila... De verdad te dan paz. Pero no, al contrario.
Ese día no estaba ni nerviosa, quizá un poco por saber cómo sería el estudio y conocer a mis nuevos compañeros. Eso sí, todo el mundo me hablaba y me decía lo mismo: "lo vas a hacer muy bien, tranquila". Yo estaba relajada, pero cuanto más me lo decían más nerviosa me ponía.
¿Qué podía salir mal? Que me quedara en blanco, que dijera alguna palabrota, que dijera 'eeeeh', que no entendiese la pregunta, que no me cayeran bien mis compañeros, que no me sintiera cómoda,...
El camino al estudio se me hizo eterno, aunque mi padre me lo hizo más ameno recordando todas las jugadas y acciones más destacadas del partido.
(Por si no lo había dicho: tenía que ir a comentar el partido del Salamanca UDS)
El estómago un poco revuelto por la emoción, pero mereció la pena. Sentada en el taburete, con los cascos puestos y el micrófono delante. On air. Mi momento, me tenía que presentar, iba a ser la voz femenina de un programa prácticamente seguido por hombres. Tenía que dejar el listón alto, aunque al ser el primer día me temblaba la voz. Qué bien hablaban mis compañeros, Ricardo llevaba el timón y ni se trababa, tenía la sensación de que iba a aprender mucho con ellos. Quizá en ese momento sólo me calmaba ver a Ricardo hacer dibujos en la hoja que presentaba la estructura del programa. Flechas remarcadas, círculos al rededor de un número apuntado en la hoja. Me daba la palabra, y en cada intervención me sentía más a gusto. Se acabó el programa. Me encantó. Quería volver día sí, día también.
Sólo espero que ese cosquilleo previo al programa nunca se me vaya. Es mágico.
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